Siento como las ganas de llorar se estancan en mi pecho, mi pulso se acelera con cada segundo, mi corazón comienza a latir mas fuerte y una lágrima sorprende mi mejilla surcando lentamente, abriéndose paso hasta humedecer mi almohada, el resto de ellas siguen ahogándose en mi pecho impidiendo que el aire pase, siento como duele cada latido y al fin las lágrimas encuentran salida, aunque el llanto sigue preso.
Avergonzadas están mis lágrimas, aquellas que inundan mis ojos y afligen mi alma, y es que desde ese día estaban ocultas en el fondo de mi, desde ese dia me negué a llorar por ti, porque no merecía la pena, porque seria masoquista, creo que solo era cuestión de tiempo y justo hoy después de no aceptarlo admito que te extraño y no se porque, solo vienen a mi mente los buenos recuerdos, las palabras bonitas.
Aun no acepto que eres una persona distinta, que lo que conocí no fue real, que tu sonrisa jamás fue mía, y que los besos fueron de mentira. Quizas por eso ahora lloro.